EDITADO POR LA UNIVERSIDAD DE LAS NACIONES
UNIDAS
Un libro denuncia que las islas del Pacífico
sur sufren un nuevo tipo de piratería de alta tecnología
Toronto. 20/03/2007. Noticias24horas.Julio
César Rivas.
Las islas del Pacífico sur están sufriendo un nuevo tipo de piratería de alta
tecnología, la piratería de material genético, por parte de investigadores y
compañías sin escrúpulos, según un libro de la Universidad de las Naciones
Unidas (UNU) presentado hoy. El libro "Pacific Genes and Life
Patents" de los autores Aroha Te Pareake Mead y Steven Ratuva recopila los
casos en que investigadores y compañías farmacéuticas, en su mayor parte de Estados
Unidos y Australia, han realizado actos de "piratería" genética contra las
culturas de las islas del Pacífico sur.
La investigadora maorí Aroha Mead afirmó que uno de los casos más
sangrantes de "biopiratería" es el de la tribu Hagahai de Papúa Nueva Guinea.
En 1989, los hagahai -una tribu de cazadores y recolectores- aceptaron donar sangre para
análisis, pero nunca que éstas muestras fueran sacadas del país y sujetas a otros
procedimientos.
A pesar de ello, en 1993, la investigadora estadounidense Carol Jenkins junto con el
Departamento de Salud de los Estados Unidos, solicitaron una patente sobre las líneas de
células T de 24 hagahai, aduciendo que eran útiles para tratar y diagnosticar aquellas
personas infectadas con un virus asociado con la leucemia y una enfermedad neurológica.
El gobierno de Papúa Nueva Guinea consiguió que en 1999 se retirara la
solicitud de patente, pero el material genético de los hagahai está a la venta,
accesible para cualquiera que pueda pagar 216 dólares.
Mead, fundadora de la ONG Call of the Earth (Llamado de la Tierra), que también ha
participado en la producción del libro, declaró que casos de piratería genética en el
Pacífico, como el de los hagahai, son consecuencia directa de que "el colonialismo
sigue vivito y coleando en esta parte del mundo".
"Para muchos, el Pacífico sur -en el que se asientan 27 naciones- es un lugar sin
explorar, sin fronteras, sin leyes, sin controles en donde es muy fácil tomar muestras y
del que se están aprovechando los investigadores", añadió Mead.
El libro señala que el caso de los hagahai u otro similar ocurrido en las Islas Solomon,
"lejos de ser incidentes aislados confinados al pasado, la misma asociación entre
genética y derechos intelectuales que generaron las patentes de ADN Hagahai y Solomon,
sigue hoy en día".
Otro caso recogido en el libro, fue el intento en el 2002 de trasplantar a los habitantes
de las Islas Cook células de cerdo. Una proporción muy alta de los indígenas de las
islas del Pacífico sur padecen de elevadas tasas de diabetes del tipo 2.
Algunos investigadores han defendido el trasplante de células pancreáticas de cerdos a
diabéticos como una solución al problema, pero en el 2001 el gobierno neozelandés
declaró la solución como demasiado arriesgada, por lo que prohibió el procedimiento.
A pesar de ello, en el 2002, la empresa neozelandesa Diatranz convenció al gobierno de
las Islas Cook permitir los experimentos entre sus habitantes sin solicitar permiso de los
individuos.
La alarma causada entre los indígenas de las Islas Cook y el rechazo
comunitario a ser utilizados como "conejitos de cobaya" evitó que Diatranz
llevara a cabo sus experimentos en el país. "Las personas no son ratas de
laboratorio -afirmó Mead-, las empresas tienen que proceder de forma adecuada". Para
Mead, el argumento de que los beneficios de estas investigaciones pueden salvar o mejorar
la vida de millones de personas en todo el mundo no tiene mérito.
"Estas son las comunidades más vulnerables del mundo, los más pobres entre pobres,
a los que se les promete atención médica pero a los que no se les da nada",
afirmó. Mead puso el ejemplo de los hagahai, quienes no se han beneficiado económica o
socialmente del uso comercial de su material genético.
"Estoy cansada de este argumento humanitario. Si el objetivo es realmente
humanitario, estas empresas deberían permitir el acceso gratuito y libre a estos
materiales y no intentar patentarlos, compartir los resultados de la investigación. Y lo
que están haciendo es privatizar el material genético".
Mead también apunta a que estos "robos" entre comunidades, que mantienen un
sistema de creencias que vincula directamente sus cuerpos con la espiritualidad, son
especialmente "traumáticos" para los indígenas y dañinos contra su sistema de
valores tradicionales.
LINK PERMANENTE:
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