Con su decisión de reconocer la independencia de Osetia Del Sur y Abjasia, el Kremlin "no sólo viola la legalidad internacional, poniendo en jaque la integridad territorial de un Estado soberano.
También lanza un órdago definitivo a la Casa Blanca y a la OTAN, socava las posibilidades de una solución dialogada al conflicto y confirma su desprecio por el plan de paz de la UE". Las consecuencias se antojan muy peligrosas y ni la propia Rusia "parece estar midiendo el alcance de sus pasos".
Su actitud puede desencadenar un impredecible estallido en Chechenia y otras regiones que aspiran a la independencia dentro de sus propias fronteras. Y "mientras Rusia juega a redibujar el mapa caucásico con fuego, seguimos asistiendo al bochornoso espectáculo de una comunidad occidental pusilánime ante la política rusa de hechos consumados". Europa y sus aliados "están obligados a defender la integridad de Georgia, un vecino democrático al que se le debe abrir las puertas de la OTAN de manera urgente" y adoptar medidas mucho más duras con Moscú en tanto no vuelva a la senda de la legalidad.
EL MUNDO 3. Editorial