“El Presidente español, el socialista José Luis Zapatero, debe estar agradecido a los electores vascos y catalanes. En primer lugar, porque le han aportado, el domingo 9 de marzo, seis de los ochos escaños conquistados por el PSOE, permitiéndole conservar su ventaja sobre el Partido Popular. En segundo lugar, porque la configuración del voto en estas dos comunidades autónomas le permite plantearse con tranquilidad la negociación de alianzas para completar su mayoría en el Congreso de los diputados. Antes del escrutinio, Zapatero descartó volver a pedir su apoyo a ERC. En consecuencia, sólo quedan los dos partidos nacionalistas catalán y vasco de centro-derecha”.
“CiU ha anticipado tres condiciones para un acuerdo con Zapatero: que la transferencia de competencias prevista en el nuevo estatuto de Cataluña sea efectiva y financiada; la creación de una verdadera política familiar y, por último, medidas que favorezcan a PYMES, artesanos y comerciantes”.
“Al contrario que en 2004, la victoria de Zapatero no es ninguna sorpresa, pero no deja de ser una victoria por defecto. Su éxito se explica principalmente por la falta de liderazgo de Mariano Rajoy, cuya estrategia no ha sido clara. En el plano político, el consenso que marcó la transición no ha sobrevivido a los atentados de 2004, a la victoria inesperada de José Luis Zapatero ni a la ley de memoria que reabre las heridas de la Guerra Civil y del franquismo”.
“El primer reto que debe aceptar España sigue siendo económico. El modelo en el que se apoyó el éxito de la reconstrucción y la recuperación de España ha llegado a su fin. Pero ni los ciudadanos ni la clase dirigente parecen sacar conclusiones ni asumir esta transformación. A ello se debe que la campaña legislativa se haya basado más en los miedos del pasado que en el reposicionamiento del país. También es por ello por lo que, tras tres décadas de modernización y apertura a pasos agigantados, el milagro de la transición se ve hoy amenazado y España, sin estrategia, vuelve a ser presa de las dudas sobre su identidad y futuro”.
“Con su victoria electoral, el presidente del Gobierno español Zapatero ha obtenido una segunda oportunidad – así como el derrotado Partido Popular conservador. Los socialistas pueden seguir gobernando, mientras que los conservadores han sido liberados de la ilusión de que el derecho a gobernar les pertenece. Después de cuatro años de confrontación, de esta manera finalmente podría instalarse en Madrid una normalidad democrática. Esto es urgentemente necesario. España necesita un nuevo impulso: la fase de edulcoramiento ha pasado y el ciclo descendiente se hace perceptible. El terrorismo sigue siendo un desafío central, tanto el agudo proveniente del País Vasco como el latente del entorno de Al Qaeda. Aunque sólo sea por este motivo, José Luis Rodríguez Zapatero necesita una base sólida. Su intención es buscar un consenso básico con los conservadores. Pero éstos primero tienen que organizarse a nivel personal y de contenidos”.
“La victoria del presidente cesante estaba prevista en todos los sondeos, y parecía todavía más clara después de que el terrorismo, como hace cuatro años, ensangrentara la campaña electoral precisamente en sus últimos días. Desde siempre, en España, la alta participación favorece a la izquierda; la abstención a la derecha. Esta vez la participación no ha sido excepcional como en 2004; sin embargo, el Partido socialista ha ganado netamente (primera sorpresa), aunque al precio de una polarización política”.
“En la otra vertiente, los derrotados no se rinden, ni mucho menos, apoyándose en el 40% de los consensos: así, por ejemplo, la presidenta de la región de Madrid se ha comprometido a sostener el buen derecho de las familias que declaran objeción ante la asignatura de ‘Educación para la ciudadanía’, impuesta por ley a sus hijos. El gobierno la ha avisado ya, y ésta es sólo la primera de una serie de futuras pruebas de fuerza. Las izquierdas europeas harían bien en abandonar la sonrisa por la victoria de Zapatero, y en exhortarlo a la moderación”.
“¿Zapatero un arruina-familias? En cierto sentido, sí. Elena Valenciano, Secretaria de relaciones internacionales del PSOE, ante las declaraciones del cardenal Cañizares a este periódico, reconoce que efectivamente hay un matrimonio en el punto de mira de la confirmada mayoría gubernamental: ‘la unión entre la cúpula del partido popular y la cúpula integrista de la iglesia española. Ese sí que es un acuerdo que convendría que se rompiese y – añade - en el interés de la misma oposición’. A pesar de la indiferencia manifestada en estos días por José Luis Rodríguez Zapatero, los socialistas siguen con interés las maniobras de la casa adversaria y están convencidos de que se están combatiendo por lo menos dos batallas paralelas: una dentro del partido conservador y otra en el episcopado”.
“Zapatero se puede librar del estigma de ser el político ingenuo e idealista que gobernaba por ‘accidente’. Ahora con la significativa victoria del Partido Socialista (en las elecciones del 9 de marzo) ha cambiado el discurso. Ya no es posible mantener la tesis de que el pueblo español no quería a un idealista en el poder y que sólo le eligió a consecuencia de los atentados del 11 de marzo de 2004”.
“Al haber superado los 11 millones de votos, Zapatero ha logrado un triunfo histórico en las elecciones del pasado 9 de marzo, no alcanzado por ningún presidente del gobierno en la historia de España. Al margen del triunfo político, el triunfo de Zapatero se puede considerar también un triunfo moral, pues le permitirá deshacerse de un complejo que le ha acompañado durante todo su primer mandato, que es el hecho de haberse beneficiado de los atentados terroristas de Madrid, al robar un triunfo que estaba en manos del PP, hasta el extremo de que en aquel entonces se comentó que en las elecciones de 2004, no ganó el PSOE, sino que perdió el PP”.
“El triunfo del Partido Socialista en las elecciones españolas es una legitimación del gobierno en funciones, aunque sin otorgarle una mayoría absoluta. En sus cuatro años de gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero debió afrontar la oposición aguerrida del Partido Popular, particularmente en temas sensibles como la política para el terrorismo de la ETA, la emigración, las minorías y las cuestiones de género”.
“Por esto mismo, en las elecciones no se jugaba un simple cambio de titularidad en la administración del Estado, sino la opción entre dos políticas muy diferentes. La actitud del PP contribuyó a una polarización política que provocó la concentración de los votos en los dos grandes partidos, a costa de la izquierda y de los nacionalistas. El PSOE ganó las elecciones pero no un amplio margen de maniobra. La fuerte oposición del PP contribuyó a polarizar el voto, en perjuicio de partidos menores. El nuevo período socialista será en condiciones menos favorables que el que termina”.
“Las elecciones en España dieron como triunfador al PSOE por sobre el PP. Si bien ninguno de los dos obtuvo mayoría absoluta, ambos crecieron, situación que pone casi al margen a los partidos minoritarios, a la vez que se vuelven -una vez más- claves para decidir a quién darán su apoyo, no sólo para que Zapatero sea presidente, sino para gobernar, aprobar o rechazar presupuestos, iniciativas. Por lo pronto, queda una sensación de tensión política, ya que cada iniciativa legislativa va a requerir de los votos de otros partidos”.
“Zapatero tiene un panorama conflictivo para gobernar, tiene varias asignaturas pendientes: terrorismo, migración y la desaceleración económica de España en el contexto del freno mundial económico entre otros”.
“El Partido Popular ha perdido las elecciones. Perder, sea como sea, siempre es un fracaso. Es especialmente un fracaso porque sus líderes retrataban a España cerca del precipicio, prácticamente a las puertas de su extinción política tal y como la conocemos, rozando el desastre económico y social. Si esto es cierto, han fallado estrepitosamente a la hora de hacer llegar esta realidad a los votantes españoles y a la hora de convencerles de que ellos eran los mas capacitados para llevar al país a aguas más tranquilas y de felicidad”.
“El ejemplo americano, tan admirado (pero tan ignorado por el PP), tiene aquí una de las claves para el futuro del Partido Popular. Una democratización total que lleve a unas primarias y a la libre elección por las bases del partido de un candidato a la presidencia. Unas primarias que no tienen que estar limitadas a la Presidencia. Sobre todo, tienen que realizarse en cada autonomía y en cada municipio del país”.